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Sábado, 07 Julio 2018 07:04

“Consideración” económica del turismo

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“Consideración” económica del turismo

Francisco Muñoz de Escalona

 

 

 

 

 

En la obra editada por Pirámide el año 2000, ya citada en anteriores entradas, que funge como un presunto manual de dirección y gestión de empresas del llamado “sector turístico” hay un epígrafe con lleva por título el que acabo de utilizar, aunque sin las comillas. En él leemos una frase como esta, convertida en manoseado lugar común:


“El turismo es un fenómeno social y cultural, pero también económico”.

 

Se trata de una tan bizarra como heroica afirmación. La autora del supuesto manual de aprendizaje confirma con ella lo que da por sentado y como todo el mundo sabe porque hace tiempo que se ha convertido en un manoseado lugar común, que el turismo es un fenómeno social y cultural. Pero no duda ni un nanosegundo en informar al lector que esa “consideración” de la que se dispone a disertar, la de que el turismo también es, nada menos, que un fenómeno económico. De lo cual no podemos por menos que congratularnos de que así se considere, y por ello, llenos de zozobra y suspense, pasamos a constatar por qué lo es según nuestra autora.

 

Veamos su explicación al respecto:
Según ella, el turismo es, también, un fenómeno económico por la sencilla razón de que “el turismo receptivo [no el emisor, ¡ojo!] supone una entrada de divisas procedente del exterior [seguramente quiso decir del extranjero, claro], generándose una fuente de riqueza que antes no existía”. Habría que advertirle que también lo es cuando ya existe, por lo que no es necesario aclarar si lo es antes o después de existir tal fuente.

 

El citado manual se ocupa de analizar lo que llama “consideraciones” económicas del turismo. Pero cuando lo hace nos sorprende aclarando que se trata de estudiar “la repercusión de este fenómeno en la balanza de pagos de un país, los efectos de las alteraciones de los tipos de cambio [de la moneda] en la actividad turística y el efecto multiplicador del turismo”.

 

Si el lector del manual dispone de algún conocimiento de economía se extrañará de que la autora aporte tales “consideraciones económicas” y olvide olímpicamente otras muchas que ameritan figurar antes que las que cita. Los turisperitos hablan a menudo de productos turísticos y de empresas turísticas. La misma autora, al hablar de la balanza de pagos hace mención de ambos conceptos, pero, sorprendentemente, no los tiene en cuenta entre las que llama “consideraciones” económicas del turismo. Puestos a estudiarlos, habría tenido que hacer referencia a cuestiones de suma importancia tales como el vector de costes, la tecnología empleada en su producción, el diseño industrial, la inversión y su rentabilidad, la necesidad de I+D+i, la competencia a la que se someten los oferentes, la distribución, la comercialización y la promoción, sin olvidar la formación de los precios, la demanda y sus posibles variaciones estacionales y cíclicas, así como la política económica que las administraciones públicas establecen relativa al turismo.

 

Caben algunas explicaciones para entender tan graves olvidos, pero entre ellas debemos citar la peculiar postura de la comunidad de turisperitos sobre la “verdadera” naturaleza del turismo, que para ellos es social y cultural, ninguneando que urge su prioritaria consideración como una actividad económica de producción y consumo, esto es, como un producto similar a los demás.

 

Los turisperitos parecen no percatarse de que si el turismo es un fenómeno social y cultural lo es porque antes de serlo empezó siendo lo que sin duda es y sigue siendo, una actividad de consumo precedida, como todas las demás, por una actividad productiva. Olvidarlo como se olvida conlleva un enfoque peligrosamente alejado de su condición económico-empresarial. Con ello se abandona el único tratamiento capaz de propiciar el estudio del turismo como lo que es, y lo es antes que nada: una industria generadora de riqueza que, como tal, ha de ser tratada para garantizar su eficacia.


 

 

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