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Martes, 10 Julio 2018 19:56

Gran hermano volador

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Gran hermano volador

Lluis Mesalles

 

 

 

 

 

En un principio nos hicieron creer a todos que con la invasión de instrumentos y tecnologías tan avanzadas que estaban llegando, nos facilitarían el trabajo, y tendríamos muchísimo más tiempo para atender con respeto, agilidad y amabilidad a nuestros clientes. Una misión muy loable en la que todos, profesionales y profanos, nos ilusionamos de inmediato.

 

Pero en el transcurso del tiempo, las nuevas tecnologías, más que una herramienta de ayuda, se han convertido irremediablemente en poderosos instrumentos de control. Nos hacen recordar el famoso libro de Aldous Huxley, “Brave New World”. Una novela premonitoria que conviene releer para comprobar lo acertada que estaba en sus predicciones de entonces. Unas predicciones que se han venido cumpliendo inexorablemente. El Gran Hermano, líder inspirador y controlador de los humanos, seguía todos sus movimientos, inspiraba todas las decisiones, y controlaba cualquier desliz.

 

En estos momentos, podemos asegurar que el Gran Hermano se ha instalado (para quedarse) en la industria de la aviación. Marca todo lo que debemos hacer, obliga con sus normas, a menudo desconocidas para los pobres usuarios. Solo hay un camino, el que el Gran Hermano dicta. Adiós al glamour de los viajes en avión, ha llegado el Gran Hermano.

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Fotografías: llmc

Recientemente pude comprobar como en el aeropuerto, los mostradores de atención a los vuelos, los humanos han sido sustituidos por pantallas. Los pocos humanos visibles entre el maremágnum de viajeros desconcertados, sufrían estresados la misión de intentar dar explicaciones y apoyo a los preocupados usuarios de las máquinas. Como era previsible, muchos viajeros se extraviaban en medio de la confusión, perdían su vuelo, y a continuación expresaban su inconformidad de forma poco amable. Los humanos encargados de resolver las situaciones recibían con indiferencia las hojas de reclamaciones, apilándolas a la espera de mejores momentos.

 

El Gran Hermano, aunque lo pretenda, no es infalible. Suele sufrir accidentes, fallos en las conexiones, provocar retrasos en las salidas de los vuelos, y llegar en ocasiones a provocar descontentos entre los humanos que le sirven, provocando huelgas y abandonos en el trabajo.
La culpa no es del Gran Hermano, es de los usuarios que permiten su existencia

Ninguna máquina puede sustituir una sonrisa empática de un humano.

 

 

 

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