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Jueves, 26 Julio 2018 06:21

Capacidad de carga turistica y su control

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Capacidad de carga turistica y su control

Willian Bracho

 

 

 

 

 

Aprovechando el interesante debate que ha surgido en relación a la Capacidad de Carga Turística y sus fórmulas de cálculo, quiero aprovechar de meter un poco de leña al fuego, añadiendo un elemento más a la discusión:

 

¿Cómo aplicar sus límites y como controlarlos de manera efectiva?
Hablar de este tema siempre fue algo meramente teórico, académico y sólo del interés de autoridades, profesionales, profesores y alumnos de las actividades relacionadas con el ambiente y el turismo; sin embargo, hoy día es una materia preocupante dado el deterioro de playas, monumentos, paisaje y otros recursos sustanciales para la actividad turística. En varios países ya existe alarma, España, Francia e Italia, entre otros, han venido reportando problemas de destinos con saturación, extrema contaminación, deterioro de los espacios turísticos o permanente irrespeto a los mismos; incluso, pobladores de varias ciudades que tradicionalmente han recibió multitud de visitantes, hoy protestan alegando no sólo los aspectos anteriormente citados, sino el arrebato de los espacios recreacionales de las comunidades, por parte de los turistas, dejándoles a los locales poco centimetraje para el disfrute de los mismos. El tema es complejo dada la escasa o inexistente regulación de en la mayoría de los países, y por la diversidad de variables que hay que conjugar para definir acertadamente los criterios regulatorios en cada caso. Como si fuera poco, aun existiendo regulación de la capacidad de carga turística (o ambiental) el asegurar su cumplimiento es difícil o a veces imposible.

 

Veamos dos ejemplos simples de regulación de capacidad de carga y su control, en áreas no exclusivamente turísticas:

 

1. El ascensor de un hotel o de cualquier edificio posee una regulación sobre su máxima capacidad de carga por viaje, la cual está basada tanto en las recomendaciones del fabricante como en los criterios del ente regulador, bien municipio u otro ente público, o del operador; si se excede  dicha capacidad de carga, la cual está basada en peso límite o número máximo de personas adultas, se encenderá una alarma que advertirá a los usuarios sobre el exceso, o simplemente el ascensor no funcionará hasta que no se disminuya el peso que está dentro del mismo (personas o carga). Aquí la aplicación de la regulación y su control son viables;

 

2. En un restaurante la capacidad máxima de carga puede estar fijada en función del número de metros cuadrados y el máximo número de mesas y sillas para comensales, ambas variables relativamente fáciles de observar y controlar ya que incluso a los gerentes o encargados no les interesa saturar el negocio ingresando personas que no estén sentadas en mesas o salas de espera, o en el bar, por la afectación de los servicios al cliente (comidas, bebidas, baños, etc.). Ahora bien, en los casos de espacios abiertos como una playa, un monumento, un parque, una plaza o un pueblo, es difícil no sólo establecer con claridad los criterios de regulación sino también los de control.

 

Hace pocos meses se conoció de la preocupación de las autoridades municipales romanas por el exceso de visitantes en ciertas plazas y monumentos con relativo poco espacio circundante, como es el caso de la Fontana di Trevi, para muchos las más bella fuente de Roma; dicha preocupación es totalmente válida, pero bien es sabido que controlar el acceso a dichos espacios es difícil (aunque no imposible). También hay preocupación sobre cómo controlar el número de visitantes que llegan a Venecia, ciudad que maneja serios problemas con el control de inundaciones y la contaminación, los expertos dicen que la ciudad se hunde algunos centímetros cada año. Asociado a los temas de saturación de los espacios turísticos están los temas de contaminación ambiental, deterioro del paisaje, e ineficiencia o insuficiencia de los servicios públicos, y todos ellos afectan también el desenvolvimiento de la actividad turística. Unos años atrás visité el Museo D´Orsay en París, para mi uno de los que concentra mayor número de obras pictóricas del siglo XIX y principios del siglo XX, todas con un muy amplio valor, y me sorprendió la extrema saturación del mismo, al extremo que los vigilantes no se daban abasto para corregir o evitar los abusos de los visitantes que no se cansaban de tomar fotos con flash, estando esto prohibido, o de tocar las obras, todo esto en un recinto que debería tener regulada la máxima capacidad de aceptación de personas por hora, calculando el tiempo de estadía promedio de las mismas dentro del recinto.

 

Algunos colegas columnistas han traído a discusión el tema de las fórmulas de cálculo y la inviabilidad de su aplicación; yo creo que deben estudiarse en cada caso las variables y más que cálculos matemáticos, establecer políticas y normas específicas sobre cómo aprovechar los diferentes tipos recursos naturales y artificiales sin deteriorarlos, o cómo dosificar su visita evitando peligrosas congestiones, y a quienes y como les compete controlarlo. Es imposible aplicar una limitación común para todos, pero si pueden elaborarse Normas y Métodos Recomendados para orientar a las municipalidades, regiones y otras autoridades sobre cómo proceder en cada caso.

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¿Qué pueden hacer las autoridades ante este complicado panorama?, primeramente insistir en la definición de políticas que orienten la elaboración de normas sencillas pero eficaces en cuanto a la capacidad de carga para el turismo y la recreación, luego, trabajar ampliamente en la concientización de agencias de viajes, operadores de turismo, gestores de museos, parques y playas, y visitantes, en relación al deber ser, es decir “el turismo responsable y sostenible”, ya que la mayoría de las empresas y personas no lo entienden o parece no interesarles, y si no hay toma de conciencia, entonces el deterioro de los espacios turísticos será cada vez mayor; por último, tomar medidas preventivas que ayuden a mitigar los efectos de una sobreutilización y saturación, tales como definición de horarios de visita, canalización de los flujos a través del establecimiento de vías de circulación peatonal permanente en cuyo trayecto los grupos de personas sólo pueden permanecer pocos minutos a los fines de la contemplación, información e interpretación del monumento, fuente, mirador, plaza, palacio, etc. Desarrollar facilidades y servicios en playas y otras áreas naturales que aún no las tengan, ya que la tendencia natural es visitar espacios donde haya estacionamiento, baños, vigilancia, salvavidas y establecimientos de alimentación y bebidas. Capacitar y asignar personal de supervisión que coadyuve en la concientización de visitantes, e incluir en las normas correspondientes, ciertas medidas coercitivas (ej. Multas) para aplicarlas en caso de necesidad. Las llegadas de visitantes nacionales e internacionales seguirán creciendo, y ello será positivo en tanto los destinos turísticos no se afecten en cuanto a su valor cultural y material, y los servicios públicos en su funcionalidad, porque de otro modo serán necesarias medidas extremas de control que eviten los daños en los destinos saturados. Ya en muchas iglesias, museos y palacios, se han impuesto medidas de control que ayudan a dosificar el volumen de visitantes, me refiero al establecimiento de horarios, turnos de entrada y cobro por el acceso; pero en los sitios abiertos como plazas, fuentes, monumentos y playas, este control es sumamente complicado. En algunas playas de Florida, USA, han implantado ciertas medidas prácticas que están bajo el control de los puestos de salvavidas, me refiero al marcaje de áreas donde no se pueden colocar ni sillas ni toldos, otras donde está prohibido ocuparlas por considerarlas áreas de seguridad en caso de emergencias; y otras, marcadas generalmente con banderas y/o avisos, en las cuales no se permite permanecer o bañarse a las personas, bien por la categoría del riesgo, por la existencia de ecosistemas protegidos (Ej. desove de tortugas), por encontrarse en fase de recuperación, o por la contaminación existente.

 

Estos criterios pueden ser un buen ejemplo a seguir siempre y cuando se pueda garantizar la existencia de los puntos de control de salvavidas y la continuidad de sus operaciones. Los parques nacionales no escapan del problema de exceso en su capacidad de carga, una muestra de ello es el Parque Nacional EL Ávila en Caracas, Venezuela, donde a diario acuden miles de personas buscando ejercicio y buen aire subiendo por los diferentes senderos. En ciertos accesos al parque nacional la contaminación y el deterioro del paisaje es evidente, y no falta quien culpe a los visitantes de periódicos incendios evidentemente provocados o causados por imprudencia de algún fumador o algún acampador. En este y otros parques nacionales hace falta no sólo una mejor planificación de los senderos y espacios para la recreación y el acampamiento, sino también la modernización de las medidas, humanas y tecnológicas, para el control de los visitantes y sus actividades, sobre todo en los períodos vacacionales y fines de semana que es cuando mayor flujo de personas se presenta.

 

Lo cierto es que lo que está en juego es la sostenibilidad de los recursos naturales y artificiales que son la esencia de la actividad turística, y para ello necesitamos mucha discusión, formación de criterio y concientización en la cual participen las universidades y colegios universitarios, las organizaciones no gubernamentales (ONG) vinculadas al tema, las academias, las asociaciones gremiales, los operadores de turismo, y los distintos entes gubernamentales con responsabilidad en turismo y ambiente, tanto a nivel central, regional o municipal


 

 

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