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Jueves, 05 Septiembre 2019 16:03

El olmo no da peras

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El olmo no da peras

Sergio Herrera

 

 

 

 


El turismo uruguayo padece un grave error de enfoque y decir que es sólo uno, es ser contemplativo. La monodependencia del mercado argentino es congénita, nació con el turismo mismo ya que fueron ellos quienes, primero en Montevideo y luego en el Este, nos hicieron ver que era un buen filón, que podía generar empleo y riqueza. Las clases altas del vecino país hasta hace algunos años trascendían con holgura los avatares políticos y económicos de su agitada historia y entonces, -al ser tantos-, cubrían sin problemas la generada demanda de veraneantes y así, se fue desarrollando nuestra costa toda, la fluvial y la atlántica. "Como el Uruguay no hay" es un lindo verso que nos inoculaban desde chicos, al mismo tiempo que la vacuna triple y la letra del himno nacional. Ahora hay cambio climático y desapareció la temporada de tres o cuatro meses, la cual, de todos modos, en tiempos modernos, es impensable para gente activa.

 

A las clases altas de allende el río las agarraron los Cavallo, CFK y Macri y, además, la tecnología, el cambio de mentalidad generalizada y las accesibles tarifas aéreas, nos muestran playas perfectas, con temperaturas ideales y.…más accesibles en sus propuestas tarifarias, en cualquier rincón del mundo. Entonces, la tan manida renuncia fiscal, la insólita y ridícula canasta turística, entre otros delirios, se han ido convirtiendo en la inútil acción de "gastar pólvora en chimangos". Queremos venderles sol y playa del montón, a precio de ópera a quienes deben cuidar al máximo su dinero y se les ha multiplicado la oferta por... ¿cuánto?, ¿miles?.

 

Luis Lacalle Pou le reclamó hace pocas horas al gobierno renuncia fiscal. Nosotros dijimos en Twitter que más que inoportuno ese reclamo era oportunista y que la opinión en el turismo es la "tumba de los cracks". Sin embargo, el mismo Lacalle luego en el paquete Alvear, de la paquetísima Recoleta porteña acertó y mucho al decir que gane quien gane en Argentina será su socio y que sea quien sea quien gobierne, tendrán que tener en cuenta que ya "aprendimos de nuestros errores" y que no debería haber puentes cortados ni problemas con los puertos. ¿Por qué citamos a Lacalle?, porque es la fiel representación del discurso al boleo, baqueano, "masomenosasí", que practican los políticos sin excepciones, cuando hablan de turismo. A veces la embocan y generalmente la pifian.



Pero no es sólo Lacalle el que pide renuncia fiscal, al parecer el empresariado del turismo también, -una vez más-, "cuando se la ve venir", pega el grito y pide socorro al gobierno. Una de las pocas cosas que hizo con acierto y de modo coherente el gobierno del FA durante todos estos años fue precisamente eso, devolver impuestos a los turistas. Y la mala noticia amigos, es que aún si no lo hubiese hecho, el resultado de la llegada de turistas no hubiese cambiado radicalmente. Y la otra noticia, -que no es ni buena ni mala, sino muy lógica- es que el Estado no tiene recursos infinitos y que ese, no es el camino. Los resultados así lo demuestran.
Entonces, en vez de seguirle pidiendo peras al olmo, ¿qué tal si nos decidimos a plantar las semillitas en busca del peral?



¿Qué tal si en vez de dejar que a los dos o tres que le dedican en solitario horas, días y meses de su propio tiempo a la actividad gremial, los acompañan y piensan y se mueven con ellos, pero fundamentalmente, disienten con ellos, los cuestionan y les ayudan a encontrar el camino?



¿Qué tal si en vez de lamentarse y quejarse agriamente y culpar de todo al gobierno de turno hacen autocrítica y se estudian y evalúan sus negocios y si no le encuentran la vuelta se asesoran profesionalmente?
¿Qué tal si en su militancia gremial, como hacen los empresarios en los destinos turísticos de verdad invierten en contratar asesoría que les diga con exactitud y con certeza para dónde tienen que agarrar?
El turismo puede ser generador de riqueza; puede ser una actividad transversal que abarque a todo el espectro socio-económico de una nación pequeña como Uruguay; el turismo podría ser más importante que la agroindustria y facturar más que la carne, el arroz y la soja, pero...



¡ENTIÉNDANLO DE UNA BUENA VEZ!, en Uruguay no es ninguna de esas cosas, a pesar de que lo reciten todos los días los jerarcas del Mintur y ustedes mismos.



No sigan pidiendo peras, empiecen a sembrar perales.

 

 

 

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